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Lunes, 22 Marzo 2010 03:41

Olvidando a la Bebita

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Sigo olvidándola. A mi nueva bebita.

No ha ocurrido nada traumático aún, pero sigo olvidando que existe. Estoy manejando por los alrededores y de repente recuerdo que ella está sentada en su asientito. O, hablando con alguien, menciono que iré a cierto lugar con mis hijos –y ellos, dicen: “¿Pero no vas a llevar a Kira?” O cuando ella está durmiendo en el segundo piso y yo me encuentro en la planta baja y, de momento, ¡recuerdo QUE KIRA EXISTE! Lo peor es que he tenido sueños en donde me olvido de ella de verdad. O de haberla dejado accidentalmente en casa mientras he ido a cenar o algo parecido.

Desafortunadamente, esto no es un temor sin fundamento.

Cuando Jake era un bebito, vivíamos en Inglaterra. Un día, cuando era muy chiquito, fui a una tienda pequeña cercana, estacioné mi carro y caminé los 15 pasos que me separaban de la puerta. Compré lechugas, espárragos y tomates, pagué y caminé de vuelta al carro. A medio camino, ENTRÉ EN PÁNICO al ver que él allí estaba, durmiendo en su asientito. Había dejado a mi bebito dentro del carro.

Jueves, 18 Marzo 2010 13:20

¿Quién Es, Usted?

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Hay momentos en nuestra vida cuando debemos definir quiénes somos –cuando necesitamos resolver qué nos define. Pero, espere. ¿Quién es?

La Biblia nos dice en Job 9 que Dios puede mover montañas, pero todo el que haya rendido su vida a Cristo puede decir que habrá momentos en que Él moverá las montañas por usted y para usted. A veces el Señor pondrá montañas en nuestro camino, no porque desea que fallemos o nos demos por vencidos, sino porque Dios sabe que subir montañas nos hará fuertes.

Cuando estamos frente a una montaña, la gente reacciona de forma distinta. Algunos la conquistarán con todo lo que son, otros pensarán en una estrategia para lograrlo y muchos, después de intentarlo y fallar una o dos veces, mirarán la montaña y dirán: “Húmmm, creo que podría hacerlo.”

Escoge Seguir Con Ella

Domingo, 14 Marzo 2010 13:28

Testigo Verdadero

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Es el estilo norteamericano. Usted va al banco a cambiar un cheque, a depositar dinero o a retirar una cantidad desde su cuenta de cheques o de ahorros. Eso fue lo que hizo un hombre que llamaremos Ralph.

Ralph recibió una notificación por correo de haber pagado de más cuando remitió sus impuestos sobre una propiedad inmobiliaria.  Junto a la nota había un cheque de reembolso por 9 dólares. Ralph llevó el cheque al banco para enviarlo a través de la ventanilla de atención rápida. Abrió el tubo, insertó el cheque en él e instantáneamente este fue aspirado hacia arriba hasta llegar a la funcionaria del banco. Cuando ella le preguntó a Ralph cómo deseaba procesar el cheque, Ralph le pidió que se lo cambiara por dinero en efectivo.

Cuando el tubo regresó a su ventanilla, el dinero venía dentro de un sobre del banco. Debido a que no era una cantidad grande, Ralph lo puso en su bolsillo y se olvidó del asunto. Esa noche descubrió lo que había dentro del sobre. Cuando lo abrió, Ralph se impactó al ver que no había nueve ¡sino 900 dólares en billetes de a 100!

Viernes, 12 Marzo 2010 16:21

Corazones Amurallados

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Años atrás, un hombre compró un lejano castillo en España. Vándalos destruyeron el viejo edificio, de modo que el hombre empleó a un constructor para ponerle una muralla protectora que rodeara el castillo. Después de unas semanas, el hombre verificó el progreso del constructor, pero no había hecho absolutamente nada. El hombre se quejó: “No he podido encontrar los materiales para edificar la muralla”. El dueño del castillo, contestó: “¡No me importa lo que te cueste encontrarlos, pero levanta esa muralla!”

La próxima vez que el dueño visitó su castillo, sonrió al ver la nueva muralla edificada alrededor de su valiosa ciudadela. Pero cuando cruzó el umbral, descubrió que el constructor había utilizado los materiales del propio castillo para levantarla. ¡Su fortaleza había sido destruida!

Nuestros corazones son como un castillo. Algunos de nosotros hemos edificado murallas alrededor de él para protegernos. Tal vez hemos sido heridos tan profundamente, que determinamos nunca más permitir que alguien o algo nos hiera de nuevo. Pero esas paredes que nos protegen pueden terminar destruyendo nuestros corazones. Podemos llegar a estar tan amurallados, que finalmente no amemos más a quienes nos rodean. Nos cerramos, emocionalmente. Nuestros corazones se tornan duros hacia los demás. Nuestros cónyuges e hijos pueden herirse profundamente porque no estamos disponibles para relacionarnos con ellos.

Domingo, 07 Marzo 2010 13:07

Amarse los Unos a los Otros

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“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Juan 13:34).

“¡Ámense los unos a los otros!” Les grité a mis amigas que discutían acerca de qué cuarto del internado estaba más limpio, lanzándose insultos juguetones entre ellas. Me miraron inquisitivamente mientras sonreían; habían escuchado esa frase antes. No habían pasado tantos días sin escucharme decir mi frase “lema”, la que digo fuerte y a menudo, y jamás me olvido de recordarles que se “amen unas a otras”. La conversación siguió por un rato y nos acercamos a un tema que no me gusta y que se refiere a alguien que no me agrada, particularmente. Murmuré un comentario que todos en el cuarto parecieron escuchar. “Ámense los unos a los otros,” dijo bajito una de mis amigas, y quedé desconcertada.

Cuando nos ordenó que nos amáramos los unos a los otros, Jesús también nos dio un martillo y nos pidió que derribáramos la Muralla China. “Toma, hazte cargo,” y lo dijo como si nada, como si fuera la cosa más fácil del mundo. No lo hizo; ni siquiera de broma. Amar a nuestros seres queridos es fácil, obviamente; ¿pero qué de aquellas personas que nos frustran? Hablo de las personas en las cuales no encontramos ninguna razón para amar. Me refiero a la gente que nos ha herido en el pasado y que, tal vez, continúan hiriéndonos en el presente. Amarlos e, incluso, intentarlo, puede ser imposible.

Sábado, 06 Marzo 2010 01:09

Gracia Maravillosa

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Todo sucedió hace muchos años en un pequeño pueblo llamado Granger, en Washington. Nunca lo he olvidado. Era un evento semanal que se llevaba a cabo durante los meses del verano. Un grupo de chicos –incluído yo mismo–, acorralaba a un potrillo salvaje de las estribaciones circundantes. Lo llevaríamos a un corral en las afueras de la ciudad y trataríamos de cabalgar el potrillo sin ser enviados al suelo.

Un domingo, llevamos a un potrillo salvaje hasta el lugar acordado. Necesitábamos una silla de montar, así que les mencioné que mi vecino acababa de comprar una y que tal vez nos la prestaría. Comencé a dirigirme hacia la casa de Joe, que estaba a un par de cuadras de distancia. Me saludó con la cabeza y volvió con su hermosa silla de motar, colocándola a mis pies.

Me eché la silla al hombro y caminé orgullosamente de vuelta hacia donde me esperaban mis amigos. La pusimos sobre el lomo del reacio potrillo. Ahí fue cuando las cosas comenzaron a ponerse terriblemente mal.

El animal comenzó a trotar enloquecido alrededor del lugar mientras corríamos para todos lados. El potrillo finalmente terminó apretado a las astas de madera. Alguien le quitó la silla y la dejó caer tímidamente a mis pies. Siempre recordaré aquel lugar. La que una vez fue una silla de montar hermosa no era sino un montón de pedacitos de cuero, rota y dañada en forma irreparable.

Jueves, 25 Febrero 2010 15:36

Mire a lo Alto, Levántese

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Ally tiene dieciocho meses y ama la vida. Rodeada de personas que siempre están dispuestas a leerle un nuevo libro o a compartir alguna nueva experiencia, ella las atesora todas.

Una de las nuevas aventuras que experimentó Ally durante una reunión familiar, fue el ser integrada a la familia perruna de Henry y Lucy. Aunque estaba intrigada a sus peludos amigos y rápidamente los identificó con repetitivos cantos para “perritos”, se sentía un poquito nerviosa cada vez que corrían detrás de ella. En esas ocasiones ella corría hacia uno de los padres, levantaba sus bracitos, y decía: “¡Arriba!” Naturalmente, enseguida era alzada en brazos. Observando a los perros desde los brazos de su protector, Ally sonreía, segura.

Seguros en los Familiares Brazos

Domingo, 21 Febrero 2010 12:49

Viendo la Verdad

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No podía ver muy bien. Mi optometrista había dilatado mis pupilas para conseguir una mejor visión del fondo de los globos oculares. Es un procedimiento común. Pero con mis pupilas dilatadas es difícil ver claramente, aún con las gafas plásticas que ellos entregan y que debemos usar por unas horas hasta que los ojos regresen a la normalidad. Manejé mi carro para la cita, asi que tuve que hacerlo en forma muy cuidadosa para volver a mi hogar. Lo hice bizqueando, pero logré llegar sin peligro. Deseaba ver claro enseguida, pero debía esperar.

Después de un rato estaba arrodillado pidiéndole a Dios que hablara a mi corazón. Me convencí de ello al leer este pasaje bíblico, que dice:  “Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno” (Salmos 139:23, 24). Deseaba ver lo eterno más claramente, asi que le pedí a Dios que examinara mi corazón y me revelara aquello ofensivo que debía ser tratado. Y esperé… y esperé… y esperé. No escuché a Dios compartir nada conmigo. ¡Yo esperaba escucharlo hablar a mi corazón en ese momento! Me sentí un tanto defraudado, no porque me gustara descubrir cosas pecaminosas ocultas en mi corazón.

Más tarde aquel día, mientras hablaba con un miembro de la familia, le hablé de forma hiriente y me lo hizo ver. Había estado rogando a Dios que me ayudara a crecer y a relacionarme con esta persona y pensé que había progresado. Pero ese encuentro pinchó la burbuja. Me desalenté.

Jueves, 18 Febrero 2010 13:14

Pesca con Arpón

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“Vengan, síganme –les dijo Jesús–, y los haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19).

Nadaba pacíficamente alrededor de mi lago cuando mi mundo de peces fue interrumpido por un fuerte estallido de olas. Justo a mi lado, demasiado cerca para mi comodidad, pasó un bote pesquero. Se acabó mi pacífico día –habían llegado los pescadores. Llevaban arpones y reían entre ellos luciendo miradas santulonas. Uno de los hombres lanzó el primer arpón al agua, rozándome apenas.  El segundo cayó a mi costado izquierdo. Lanzándolo casi sin ningún esfuerzo, el tercer arpón tuvo el mismo efecto en mi lado derecho. Bostezando, los pescadores decidieron que habían hecho bastante por el día y comenzaron a retirarse dejando mi lago –antes pacífico–, lleno de olas manchadas con mi sangre.

Cuando Jesús pronunció el gran mandato, convirtiendo a sus discípulos en pescadores de hombres, la pesca era distinta a como es ahora. Los pescadores despertaban temprano, remaban con sus botes mar adentro y lanzaban sus redes al agua. No forzaban a los peces; en lugar de ello, esperaban pacientemente. A veces esperaban durante todo el día y la noche a que los peces entraran dentro de sus redes. Había días en que regresaban sin haber pescado nada, de manera que vivían vidas confiando en que Dios dirigiría su pesca.

Lunes, 15 Febrero 2010 01:40

Salvando a Socks

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Socks era la perrita más tierna que alguien podría desear. Era una perrita familiar, mezcla collie y… ¡simplemente preciosa!

Rescatamos a Socks de la muerte. Habíamos estado deseando tener un perro y fuimos a la clínica veterinaria para ver a un cachorrito que habían dejado allí. Mientras observábamos al perrito, nuestros ojos se prendaron de otra cachorrita negra que se acercaba silenciosamente a nosotros. Nuestro hijo le silbó e inmediatamente ella lo miró y se nos acercó corriendo, como si hubiera nacido en nuestro patio. Nos enamoramos de ella y pensamos que nuestro encuentro fortuito no había sido por casualidad.

Cuando le preguntamos a la asistente del veterinario a quién pertenecía esa perrita, nos dijo que se había perdido y que pronto la pondrían a dormir.  No perdimos el tiempo y decidimos llevarla a casa con nosotros, ante lo cual, se sintió encantada. De hecho, Socks parecía más que dispuesta. Parecía estar sinceramente agradecida. Y así permaneció hasta el día de su muerte, hace sólo unos meses.

   

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