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Domingo, 18 Abril 2010 13:11

Pan Del Cielo

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Los israelitas estaban en un punto tenso. Acababan de escapar de Egipto, donde habían sido esclavos durante muchos años. Contabilizando, tal vez, dos millones de hombres más las mujeres y los niños, ahora se encontraban en el desierto de Sinaí, sin ningún tipo de alimento. En su desesperación, comenzaron a quejarse y a dudar que Dios –que les había dado las instrucciones para su huida– realmente estuviera con ellos y los guiara.

¿Le suena familiar? Como usted sabe, es fácil confiar en Dios cuando las cosas son color rosa. Pero cuando las cuentas son altas y los fondos bajos, nos preguntamos si a Dios realmente le importa lo que nos sucede.

Pero Dios estuvo con los israelitas durante todo el tiempo. Ellos sólo debían aprender esa lección. Dios les dijo: “Voy a hacer que llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen mis instrucciones” (Exodo 16:4, NVI). Dios cumplió Su palabra. Hizo llover “maná” –pan del cielo– durante todos los años que viajaron por el desierto.

Viernes, 16 Abril 2010 15:06

La Oración Cambia las Cosas

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Para mi cumpleaños, una amiga me regaló un imán para poner sobre el refrigerador que dice “La Oración Cambia las Cosas”. El regalo es especial porque esta amiga y yo somos compañeras de oración. Todos los días oramos por los hijos de cada una y por otras peticiones. Y, mientras lo hacemos, nos alentamos una a la otra con frases como: “La Oración Cambia las Cosas”.

Así que, tener ese adorno magnético en mi refrigerador es un recordatorio de la fidelidad de esta compañera de oración y, también, una forma de comprender que Dios nos escucha y está obrando en nuestra vida. Pero ese imán además tiene otro propósito. Está sujetando un dibujo de Shelby, una niñita de 7 años de edad del club Sonshine de nuestra iglesia. Me lo regaló poco antes del programa navideño.

En el programa Shelby era un ángel. Pero en nuestras reuniones del club, no estaba a la altura –no, tanto. Era bulliciosa, desagradable, no escuchaba las instrucciones y distraía a los demás niños durante los viajes en carro hacia sus casas. Los otros niños comenzaron a resentirse con ella, por quitarles tiempo que podrían haber utilizado para realizar manualidades o aprender alguna lección.

Domingo, 11 Abril 2010 12:51

Yendo a la Cárcel

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He estado muchas veces en la cárcel. En la escuela secundaria, formé un grupo musical que iba a cantarle a los presos. He visitado a un pariente en la cárcel. Nos sentamos frente a frente y hablamos a través de un teléfono, separados por un ventanal. Recientemente, asistí a un estudio bíblico semanal con cuatro miembros de mi iglesia para compartir la palabra de Dios con aproximadamente veinte presos de una correccional de la ciudad. Ha sido un gozo para mí visitar la cárcel.

Pero no me gustaría vivir en ella. Una cosa es visitar la prisión una vez por semana por un par de horas. Otra, muy distinta, es quedarse allí. Cuando paso bajo el detector de metales y cruzo las tres puertas escuchando el “click” del último picaporte a mi espalda, siento mi pérdida de libertad. No me molesta demasiado porque sé que en unas pocas horas estaré saliendo de ese lugar. Me gusta visitar a mis amigos en la prisión, pero siempre disfruto de la libertad de poder salir, sabiendo que puedo ir a mi casa o detenerme para visitar a un amigo en la ciudad. Valoro mi libertad.

Dios también desea que seamos libres. La Biblia, dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). El pecado nos esclaviza. Jesús ha venido a libertarnos. Cuando escogemos seguir los caminos de Dios y vivir en base a la Bilia, vivimos una vida de libertad. Las formas de este mundo parecen ser libres, pero realmente son una trampa que nos lleva a la esclavitud.

Jueves, 08 Abril 2010 15:18

Como Leña Mojada

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Comencé el fuego descontenta, preguntándome por qué la rama no encendía. Habíamos estado sentados frente al fuego por casi una hora y ya para entonces la situación se tornaba simbólica. No importaba cuánto tiempo dejara la leña al fuego, cuando la sacaba no duraba más de unos segundos encendida. Me ponía celosa ver arder los trozos de leña de mis amigos, brindándoles calor en aquella fría noche.

Comprendo que suene tonto pero como dije antes, aquella situación se había vuelto simbólica. Así, como en mi vida espiritual, yo no podía comprender por qué mis ramas no soportaban el aire frío. Mi leña estaba vieja y desgastada en comparación con la de mis amigos, que lucía nueva y se encendía aún con la chispa más pequeña.

Cuando por primera vez descubrí el fuego de Jesucristo, estuve como hombre de las cavernas y el encuentro más pequeño con Él podía encenderme durante semanas. Mientras los problemas de esta vida cobraron su cuota en mí, Dios llegó a ser solamente una parte de mi vida cotidiana, una parte cada vez más pequeña, subestimando Su poder y perdiendo mi fe todavía en crecimiento. Rara vez me exponía a Su fuego y “mis ramas” estaban como leña mojada.

Domingo, 04 Abril 2010 17:41

¡Él, Vive!

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María y Marta estaban preocupadas. Su hermano Lázaro estaba enfermo. Cuando el doctor no pudo ayudarlo, le enviaron un mensaje a Aquel que creían podría ayudarlas. “Señor, tu amigo querido está enfermo” fue el mensaje que recibió Jesús. Las hermanas probablemente esperaban que Jesús se apresurara y sanara a su hermano… pero Él no lo hizo. De hecho, permaneció donde estaba por más de dos días antes de viajar hasta Betania.

Cuando finalmente llegó, hacía cuatro días que Lázaro estaba en la tumba. Cuando María escuchó que Jesús venía, salió a encontrarlo. Tal vez sentía decepción y que les había fallado; tal vez sólo quería estar sola en su dolor. Pero Marta corrió hasta Jesús. Con pena y desilusión, le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11 NVI).

Sé cómo se sentían María y Marta. También tuve un hermano enfermo. Los doctores tampoco pudieron ayudarlo. Así que le envié un recado a Jesús. Durante cinco meses le pedí que viniera a sanar a Dan. Pero demoraba mucho. Y cuando finalmente mi hermano no pudo ser sanado, me sentí como esas hermanas: “…si hubieras estado aquí…”

Jueves, 01 Abril 2010 14:49

No Saben lo que Hacen

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No hace mucho pasé algunos días sustituyendo a un maestro cuyas clases han sido –históricamente– fáciles de manejar. Esta vez, sin embargo, fue distinto. Y no es que yo no esperara algunos días malos. Es parte de mi trabajo. Pero había dos alumnos de noveno grado que eran particularmente un desafío.

El primer problema es que eran completamente malos entre ellos. Tenerlos juntos en la clase y no esperar que surgieran problemas, era como poner un encendedor sobre gasolina y no esperar que haya una explosión. La “explosión” –en su caso–, no era demostrada por violencia y agresión. A ellos les encantaba juntarse y producir nuevos niveles de interrupción en la clase, empujando al maestro al límite de su paciencia. Lo hacían utilizando palabrotas, gestos groseros y a través de una variedad de métodos que no merecen la pena mencionarse.

El otro problema es que estos chicos no tenían idea del daño que se estaban haciendo a sí mismos. Observarlos era como mirar a alguien suicidarse lentamente sin que se dieran cuenta que era eso lo que estaban haciendo. Se hizo evidente al final del período de clases de mi último día con ellos. Habían tratado de hacerme enojar durante todo el período mientras yo le escribía notas con mucho cuidado al maestro y al director, esperando sinceramente que esos alumnos fueran castigados. Pero, entonces, algo sucedió.

Domingo, 28 Marzo 2010 13:04

Esperanza para Haití

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No puedo dejar de pensar en Haití. El horror de miles de cuerpos descomponiéndose, de personas atrapadas durante días entre los escombros, ver la angustia de la gente que no sabe si sus seres queridos están vivos o muertos, las imágenes de padres acongojados aferrados a los cuerpos inertes de sus hijos… es más de lo que puedo soportar. La devastación, el dolor y el temor son realmente agobiantes.

Y me siento tan impotente de no poder ayudar como quisiera. No conozco personalmente a nadie en Haití. No poseo destrezas médicas y mis recursos financieron son escasos.  Sí, envié un mensaje de texto para hacer un donativo a una organización caritativa. Y me pasé una tarde en mi cocina horneando galletas para recaudar fondos y otra tarde asistí a un concierto a beneficio patrocinado por la escuela de mis hijos.

Pero cuando el concierto terminó, nuestra familia regresó a casa, a una despensa bien surtida y a camas cómodas. Pero yo no podía dejar de pensar: “Debe haber algo más que yo pueda hacer”. Uno no puede ignorar  un sufrimiento humano tan crudo, especialmente cuando –como cristiana–, sé que los creyentes de Haití son mis hermanos y hermanas en Cristo.

Viernes, 26 Marzo 2010 15:44

¿Amargado o Agradecido?

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Las imágenes y videos que llegan de Haití hacen que mi corazón se encoja. Me siento impotente para aliviar el sufrimiento emocional y físico que enfrentan cientos de miles de personas.

El terremoto ha dejado a 300.000 haitianos sin hogar. Tratan de sobrevivir en las calles, con sus estómagos vacíos mientras esperan desesperadamente que lleguen los alimentos. Hacen filas afuera de las clínicas carentes de personal porque sus heridas necesitan atención. La muerte los rodea. No pueden escapar del lugar ni del hedor de los cientos y cientos de cadáveres que llenan las calles rumbo a las fosas comunes.

En noticieros recientes he notado cierta mezcla de historias provenientes de Haití. Hay gente que se ha amargado mientras que otros, sorprendentemente, han descubierto cosas por las cuales estar agradecidos en medio de toda esa tragedia.

Por ejemplo está la historia del Pastor Eric Toussaint. Su iglesia, que fuera una imponente catedral, hoy es un esqueleto rodeado de escombros. No obstante, él comenzó de nuevo las misas después del terremoto para una pequeña congregación de agotados sobrevivientes. “¿Por qué dar gracias a Dios?” –les preguntó el pastor. “Porque seguimos aquí.” 1

Lunes, 22 Marzo 2010 03:41

Olvidando a la Bebita

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Sigo olvidándola. A mi nueva bebita.

No ha ocurrido nada traumático aún, pero sigo olvidando que existe. Estoy manejando por los alrededores y de repente recuerdo que ella está sentada en su asientito. O, hablando con alguien, menciono que iré a cierto lugar con mis hijos –y ellos, dicen: “¿Pero no vas a llevar a Kira?” O cuando ella está durmiendo en el segundo piso y yo me encuentro en la planta baja y, de momento, ¡recuerdo QUE KIRA EXISTE! Lo peor es que he tenido sueños en donde me olvido de ella de verdad. O de haberla dejado accidentalmente en casa mientras he ido a cenar o algo parecido.

Desafortunadamente, esto no es un temor sin fundamento.

Cuando Jake era un bebito, vivíamos en Inglaterra. Un día, cuando era muy chiquito, fui a una tienda pequeña cercana, estacioné mi carro y caminé los 15 pasos que me separaban de la puerta. Compré lechugas, espárragos y tomates, pagué y caminé de vuelta al carro. A medio camino, ENTRÉ EN PÁNICO al ver que él allí estaba, durmiendo en su asientito. Había dejado a mi bebito dentro del carro.

Jueves, 18 Marzo 2010 13:20

¿Quién Es, Usted?

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Hay momentos en nuestra vida cuando debemos definir quiénes somos –cuando necesitamos resolver qué nos define. Pero, espere. ¿Quién es?

La Biblia nos dice en Job 9 que Dios puede mover montañas, pero todo el que haya rendido su vida a Cristo puede decir que habrá momentos en que Él moverá las montañas por usted y para usted. A veces el Señor pondrá montañas en nuestro camino, no porque desea que fallemos o nos demos por vencidos, sino porque Dios sabe que subir montañas nos hará fuertes.

Cuando estamos frente a una montaña, la gente reacciona de forma distinta. Algunos la conquistarán con todo lo que son, otros pensarán en una estrategia para lograrlo y muchos, después de intentarlo y fallar una o dos veces, mirarán la montaña y dirán: “Húmmm, creo que podría hacerlo.”

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