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Jueves, 21 Agosto 2008 08:24

Fe

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En vez de nuestra ignorancia, acepta su sabiduría; en vez de nuestra debilidad, su fuerza; en vez de nuestra pecaminosidad, su justicia. Nuestra vida, nosotros mismos, ya somos suyos; la fe reconoce su derecho de propiedad, y acepta su bendición. La verdad, la justicia y la pureza han sido señaladas como los secretos del éxito de la vida. Es la fe la que nos pone en posesión de estos principios”. Educación:247.

Fe
1.-   Luc. 18:8
2.-   Fil. 1:27
3.-   Heb. 10:22
4.-   Gal. 5:6
5.-   Efe. 3:17
6.-   2 Tes. 3:1-2
7.-   2 Cor. 13:5
8.-   Rom. 5:1
9.-   Heb. 11:6
10.- Analizar Mat. 15:21-28
 
“Muchas personas desean tener una fe del tamaño de una montaña, antes de tratar de mover una semilla de mostaza”. Paul E. Holdcraft.
“La creencia nos muestra el camino; la fe anda por el”. C. Thorpe.
“El único edificio construido de arriba hacia abajo es el edificio de la fe”. Carvalho de Azevedo.
“La fe sube por las escalas que el amor construyó y mira por las ventanas que la esperanza abrió”. Charles H. Spurgeon.
“La fe, como el oro, es para ser usada, y no para servir de adorno”. F. W. Bonham.
“La fe significa confiar en Dios, creer que nos ama, y sabe mejor qué es lo que nos conviene. De modo que nos induce a escoger su camino en vez del nuestro. En vez de nuestra ignorancia, acepta su sabiduría; en vez de nuestra debilidad, su fuerza; en vez de nuestra pecaminosidad, su justicia. Nuestra vida, nosotros mismos, ya somos suyos; la fe reconoce su derecho de propiedad, y acepta su bendición. La verdad, la justicia y la pureza han sido señaladas como los secretos del éxito de la vida. Es la fe la que nos pone en posesión de estos principios”. Educación:247.
 
Analizar la transformación que ha sucedido con la palabra fe a lo largo del tiempo: la palabra griega usada en el Nuevo Testamento es “Pistis” y significa “Fe”; y es un substantivo. Ahora, el acto de ejercitar esa fe, o sea el verbo, es “Pistéuein”. Es lo que la fe hace, es tener fe genuina.
            Ej.: El escritor escribe; el nadador nada; el temeroso teme.
 
            Pero veamos ahora lo que ha sucedido con este concepto original de fe en los idiomas modernos. Han surgido dos palabras: una para definir el substantivo y otra para definir el verbo.
 
            Ej.:       Latín:               Fides                = Fe (Substantivo);      Credere          = Creer (Verbo)
                        Francés:          Foi                    = Fe (Substantivo)       Croire              = Creer (Verbo)
                        Inglés:              Faith                = Fe (Substantivo)       Believe             = Creer (Verbo)
                        Alemán:           Glaube            = Fe (Substantivo)       Glauben           = Creer (Verbo)         
 
            El Alemán, aun cuando parece no haber producido la distorsión llevada a cabo en los otros idiomas, ha ocasionado el siguiente problema:
 
            Tengo fe en Jesús                                            =          Ich glaube an Jesus
            Creo que tu tienes ojos azules              =          Ich glaube das Du blaue Augen hast
 
            “Dios requirió de Adán antes de su caída una obediencia perfecta a su ley. Dios requiere ahora lo mismo que requirió de Adán: una obediencia perfecta, una rectitud sin defectos y sin fallas ante su vista. Que Dios nos ayude a darle todo lo que su ley requiere. Pero no podemos hacer esto sin esa fe que lleva la justicia de Cristo a la práctica diaria”. 2MS:436-437.
 
            "Abrid las puertas, y entrará la gente justa, que guarda la fe. Tú guardas en completa paz al que persevera pensando en ti, porque en ti confía. Confiad en el Eterno perpetuamente, porque el Eterno Todopoderoso es la Roca de los siglos”. Isa. 26:2-4.
 
            “El orgulloso no es recto en su interior, pero el justo vivirá por su fe”. Hab. 2:4.
 
            “Cuando Jesús lo oyó, quedó admirado, y dijo a los que lo seguían: Os aseguro que ni en Israel he hallado tanta fe”. Mat. 8:10.
 
            “Y él replicó: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, se levantó, reprendió al viento y al mar; y vino una completa calma”. Mat. 8:26.
 
            “Ahí le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados”. Mat. 9:2.
 
            “Y Jesús se volvió, y mirándola, le dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado. Y desde ese momento la mujer quedó sana”. Mat. 9:22.
 
            “Entonces les tocó los ojos, y dijo: Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Mat. 9:29.
 
            “Al instante, Jesús, le tendió la mano, trabó de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. Mat. 14:31.
 
            “Entonces Jesús respondió: Mujer, ¡grande es tu fe! Sea hecho como quieres. Y su hija quedó sana desde esa hora”. Mat. 15:28.
 
            “Jesús respondió: Os aseguro, que si tenéis fe, y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que si decís a este monte: 'Quítate de ahí y échate en el mar', será hecho”. Mat. 21:21.
 
            “Al instante el padre del muchacho clamó: ¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!”. Mar. 9:24.
 
            “Jesús le dijo: Puedes irte. Tu fe te ha sanado. Y en el acto recobró la vista, y siguió a Jesús por el camino”. Mar. 10:52.
 
            “Jesús respondió: Tened fe en Dios”. Mar. 11:22.
 
            “Al oír esto, Jesús se admiró de él, y volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe". Luc. 7:9.
 
            “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe”. Luc. 17:5.
 
            “Os digo que les hará justicia y pronto. Sin embargo, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra'?”. Luc. 18:8.
 
            “Y Jesús le digo: ¡Recobra la vista! Por tu fe quedas sanado”. Luc. 18:42.
 
            “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte. Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. Luc. 22:32.
 
            “La fe en el Nombre de Jesús restableció las fuerzas de este hombre que vosotros veis y conocéis. Esa fe en el Nombre de Jesús le dio esta completa sanidad que todos vosotros veis”. Hechos 3:16.
 
            “Y la Palabra del Señor crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalén. Incluso gran cantidad de sacerdotes obedecía a la fe”. Hechos 6:7.
 
            “"Ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, pues por la fe purificó sus corazones”. Hechos 15:9.
 
            “Así, las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día”. Hechos 16:5.
 
            “Te libraré del pueblo y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe en mí, perdón de los pecados y herencia entre los santificados”. Hechos 26:17-18.
 
            “Por medio de él recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe, en su Nombre, en todas las naciones, entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo”. Rom. 1:5-6.
 
            “Porque en el evangelio la justicia que viene de Dios se revela de fe en fe, como está escrito: "El justo vivirá por la fe". Rom. 1:17.
 
            “Pero ahora, aparte de toda ley, la justicia de Dios se ha manifestado respaldada por la Ley y los Profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada por Cristo Jesús; a quien Dios puso como medio de perdón, por la fe en su sangre, para demostrar su justicia, al haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con el fin de mostrar su justicia en este tiempo, para ser a la vez el justo, y el que justifica al que tiene fe en Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda eliminada. ¿Por cuál principio? ¿Por la observancia de la Ley?  No, sino por el principio de la fe. Así, concluimos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley”. Rom. 3:21-28.
 
            “Porque hay un solo Dios, que justificará por la fe tanto a los circuncidados como a los incircuncisos. Luego, ¿anulamos la Ley por la fe? ¡De ninguna manera! Al contrario, confirmamos la Ley”. Rom. 3:30-31.
 
            “En cambio, al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”. Rom. 4:5.
 
            “Y recibió la circuncisión por señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo cuando estaba aún incircunciso. Así llegó a ser padre de todos los que creen, aunque no sean circuncidados; para que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre también de quienes, además de estar  circuncidados, siguen los pasos de la fe de nuestro padre Abrahán antes de ser circuncidado. Porque no fue por la Ley, como Abrahán y sus descendientes recibieron la promesa de que serían herederos del mundo, sino por la justicia que viene por la fe. Porque si los de la Ley fueran los herederos, vana sería la fe, y anulada la promesa. Porque la Ley produce ira. Y donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, la promesa depende de la fe, para que sea por gracia, para que quede asegurada a todo descendiente; no sólo al que es de la Ley, sino también al que es de la fe de Abrahán, padre de todos nosotros”. Rom. 4:11-16.
 
            “Así, habiendo sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por medio de él tenemos también acceso por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes. Y nos alegramos en la esperanza de la gloria de Dios”. Rom. 5:1-2.
 
            “Pues, ¿qué diremos? Que los gentiles que no buscaban la justicia, la alcanzaron, a saber, la justicia que procede de la fe; mientras que Israel, que seguía la ley de justicia, no alcanzó la justicia. ¿Por qué? Porque no la seguían por la fe, sino por las obras. Por eso tropezaron en la piedra de tropiezo”. Rom. 9:30-32.
 
            “Así, la fe viene por el oír, y el oír por medio de la Palabra de Cristo”. Rom. 10:17.
 
            “Por la gracia que me es dada, digo a cada uno de vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con moderación, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Rom. 12:3.
 
            “Recibid al débil en la fe, sin criticar opiniones”. Rom. 14:1.
 
            “Y mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios”. 1 Cor. 2:4-5.
 
            “Velad, estad firmes en la fe”. 1 Cor. 16:13.
 
            “Porque andamos por la fe, no por vista”. 2 Cor. 5:7.
 
            “Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos. ¿No reconocéis que Jesucristo está en vosotros? A menos que estéis reprobados”. 2 Cor. 13:5.
 
            “Sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo.  Así, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley; porque por las obras de la Ley ninguno será justificado”. Gal. 2:16.
 
            “Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a sí mismo por mí”. Gal. 2:20.
 
            “Sólo esto quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley, o por haber oído con fe?”. Gal. 3:2.
 
            “Aquel que os suministra el Espíritu, y realiza maravillas entre vosotros, ¿lo hace porque observáis la Ley, o porque oís con fe?”. Gal 3:5.
 
            “Abrahán creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Por tanto, sabed que los que son de la fe, esos son hijos de Abrahán. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles, por la fe, de antemano anunció el evangelio a Abrahán, al decirle: Por medio de ti serán benditas todas las naciones. Así, los que viven por la fe son benditos con el creyente Abrahán”. Gal. 3:6-9.
 
            “Pero es claro que por la Ley ninguno se justifica ante Dios, porque "el justo vivirá por la fe". La Ley no procede de la fe, pues dice: "El que hace esas cosas vive por ellas". Gal. 3:11-12.
 
            “Pero la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por medio de la fe en Jesucristo. Antes que viniese la fe, estábamos guardados por la Ley, reservados para la fe que iba a ser revelada. Así, la Ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe. Y como vino la fe, ya no estamos bajo tutor. Así, todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. Gal. 3:22-25.
 
            “Pero nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia que viene por la fe. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión. Lo que vale es la fe que obra por el amor”. Gal. 5:5-6.
 
            “Porque por gracia habéis sido salvados por la fe. Y esto no proviene de vosotros, sino que es el don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios de antemano preparó para que anduviésemos en ellas”. Efe. 2:8-10.
 
            “En él, y mediante la fe en él, podemos acercamos a Dios con libertad y confianza”. Efe. 3:12.
 
            “Que habite Cristo por la fe en vuestro corazón, para que, arraigados y fundados en amor, podáis comprender bien con todos los santos, la anchura y la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo, y conocer ese amor que supera a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. A aquel que es poderoso para hacer infinitamente más que todo cuanto pedimos o entendemos, por el poder que opera en nosotros; a él sea la gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”. Efe. 3:17-21.
 
            “Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos, y en todos”. Efe. 4:5-6.
 
            “A fin de perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo”. Efe. 4:12-13.
 
            “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno”. Efe. 6:16.
 
            “Paz sea a los hermanos y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo”. Efe. 6:23.
 
            “Y ser hallado en él, no en mi propia justicia, que viene por la Ley, sino en la que es por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios por la fe”. Fil. 3:9.
 
            “Sepultados con él en el bautismo, fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios, que lo levantó de los muertos”. Col. 2:12.
 
            “Pero los que somos del día, seamos sobrios, vistamos la coraza de la fe y del amor, y el yelmo de la esperanza de la salvación”. 1 Tes. 5:8.
 
            “Y que seamos librados de los hombres perversos y malos, porque no todos tienen fe”. 2 Tes. 3:2.
 
            “El propósito de este mandato es el amor nacido de un corazón limpio, de buena conciencia y de una fe no fingida”. 1 Tim. 1:5.
 
            “Mantén la fe y la buena conciencia, que algunos desecharon y naufragaron en la fe”. 1 Tim. 1:19.
 
            “El Espíritu dice claramente que en el último tiempo algunos se apartarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”. 1 Tim. 4:1.
 
            “Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males. Y algunos, en esa codicia se desviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. 1 Tim. 16:10.
 
            “Pelea la buena batalla de la fe. Echa mano de la vida eterna, a la que fuiste llamado, cuando hiciste buena confesión ante muchos testigos”. 1 Tim. 16:12.
 
            “Huye de las pasiones juveniles. Sigue la justicia, la fe, el amor, la paz, junto con los que invocan al Señor de limpio corazón”. 2 Tim. 2:22.
 
            “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. 2 Tim. 4:7.
 
            “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor y en la paciencia”. Tito 2:2.
 
            “Porque oigo de tu fe en el Señor Jesús, y de tu amor por todos los santos. Oro para que seas activo en compartir tu fe, para que tengas pleno conocimiento de todo el bien que tenemos en Cristo Jesús”. Filemón 5-6.
 
            “Porque también a vosotros, como a ellos, se nos anunció el evangelio. Pero la Palabra que oyeron no les aprovechó, porque no se unieron por la fe a los que oyeron”. Heb. 4:2.
 
            “Por tanto, siendo que tenemos un gran Sumo Sacerdote, que entró en el cielo, a Jesús, el Hijo de Dios, retengamos la fe que profesamos”. Heb. 4:14.
 
            “Y siendo que tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos pues con corazón sincero, con plena certeza de fe, purificado el corazón de mala conciencia, y lavado el cuerpo con agua limpia. Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza, sin fluctuar, que fiel es el que prometió”. Heb. 10:21-23.
 
            “Ahora el justo vivirá por la fe. Pero si retrocede, no me agradará”. Heb. 10:38.
 
            “La fe es estar seguros de lo que esperamos, y ciertos de lo que no vemos. Por ella los antiguos fueron aprobados. Por la fe entendemos que los mundos fueron formados por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, y por ella fue declarado justo, cuando Dios aprobó sus ofrendas. Y aunque está muerto, aún habla por medio de su fe. Por la fe Enoc fue trasladado sin ver la muerte, y no fue hallado, porque Dios lo trasladó. Y antes de ser trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios, necesita creer que existe, y que recompensa a quien lo busca. Por la fe Noé, advertido por Dios de cosas que aún no se veían, con santa reverencia construyó el arca para salvar a su familia. Por su fe condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abrahán, cuando fue llamado por Dios, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia. Y salió sin saber a donde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena. Y habitó en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa. Porque esperaba la ciudad con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. También por la fe, la misma Sara, aun fuera de la edad, recibió vigor para ser madre, porque creyó que era fiel el que lo había prometido. Y de ese único hombre, ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, como la innumerable arena de la orilla del mar. Todos éstos murieron en la fe, sin haber recibido las promesas, mirándolas de lejos, saludándolas y confesando que eran peregrinos y forasteros sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Si hubieran estado pensando en la tierra de donde salieron, hubieran tenido tiempo de volver a ella. Pero deseaban la mejor, a saber, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les había preparado una ciudad. Cuando Abrahán fue probado, por la fe ofreció a Isaac. El que había recibido las promesas, estuvo a punto de ofrecer a su hijo único, habiéndole sido dicho: "En Isaac tendrás descendientes de tu nombre". Abrahán pensaba que Dios es poderoso para resucitar aun a los muertos. Por eso, en figura, volvió a recibir a Isaac. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú acerca de cosas futuras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre la punta de su bastón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los israelitas, y dio orden acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque lo vieron hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón. Y eligió antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar los deleites temporales del pecado. Y consideró que el vituperio de Cristo es mayor riqueza que los tesoros egipcios, porque miraba el galardón. Por la fe dejó a Egipto, sin temer la ira del rey; porque se sostuvo como quien ve al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y la aspersión de la sangre, para que el exterminador no tocase a los primogénitos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca, mientras que los egipcios intentaron lo mismo, y fueron ahogados. Por la fe cayeron las murallas de Jericó después de rodearlas durante siete días. Por la fe Rahab la ramera, no pereció junto con los desobedientes, porque recibió a los espías en paz. ¿Y qué más diré?  El tiempo me faltará para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, que por la fe conquistaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon boca de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerza de la debilidad, fueron valientes en batallas y rechazaron ejércitos extranjeros. Las mujeres recobraron sus muertos por resurrección, unos fueron torturados y rehusaron ser rescatados, para alcanzar mejor resurrección, otros experimentaron vituperios y azotes, cadenas y prisiones. Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y cabras; pobres, angustiados, maltratados. ¡Hombres de los cuales el mundo no era digno! Perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque aprobados por el buen testimonio de su fe, no recibieron el cumplimiento de la promesa; porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, para que ellos no llegaran a la perfección aparte de nosotros”. Hebreos 11.
 
            “Porque vosotros sabéis que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. San. 1:3.
 
            “Pero pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es movida por el viento y echada de un lado al otro”. San. 1:6.
 
            “Hermanos míos, si alguno dice que tiene fe y no tiene obras, ¿de qué sirve? ¿Podrá la fe salvarlo?”. San. 2:14.
 
            “Así también, si la fe no tiene obras, está muerta”. San. 2:17.
 
            “¿Quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”. San. 2:20.
 
            “Ya veis que el hombre es justificado por las obras, y no sólo por la fe”. San. 2:24.
 
            “Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta”. San. 2:26.
 
            “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. Y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados”. San. 5:15.
 
            “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos regeneró en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para una herencia que nunca puede perecer, ni contaminarse, ni marchitarse, reservada en el cielo para vosotros, gracias a la fe, sois guardados por el poder de Dios, para alcanzar la salvación que será revelada en el último tiempo. Por eso rebosáis de alegría, aunque ahora, por un poco de tiempo, seáis afligidos por diversas pruebas. Para que vuestra fe, mucho más preciosa que el oro que perece, aunque sea refinado en fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo se manifieste. A quien, sin haberlo visto, lo amáis; y sin verlo por ahora, creéis en él, y os alegráis con gozo inefable y glorioso. Así obtenéis el fin de vuestra fe, que es vuestra salvación”. 1 Pedro 1:3-9.
 
            “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. Resistidlo firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos por todo el mundo pasan por las mismas aflicciones. Y el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén”. 1 Pedro 5:8-11.
 
            “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado una fe igualmente preciosa como la nuestra, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo”. 2 Pedro 1:1.
 
            “Por esa razón, poned la mayor diligencia en agregar a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas virtudes están en vosotros, y abundan, no os dejarán ociosos, ni sin fruto en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. El que carece de ellas, es corto de vista y ciego, y ha olvidado que ha sido purificado de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, procurad tanto más afirmar vuestra vocación y elección; porque al hacer esto, no caeréis jamás. De esta manera os será concedida amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. 2 Pedro 1:5-11.
 
            “Porque todo lo que nace de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”. 1 Juan 5:4.
 
            “Pero vosotros, oh amados, edificaos sobre vuestra santísima fe, y orad movidos por el Espíritu Santo”. Judas 20.
 
            “Si alguno ha de ir a la cárcel, a la cárcel irá. Si alguno ha de morir a espada, a espada morirá.  Aquí está la paciente perseverancia y la fe de los santos”. Apoc. 13:10.
 
            “¡Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los Mandamientos de Dios y la fe de Jesús!”. Apoc. 14:12.
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